domingo, 21 de marzo de 2010

ARQUEOLINGUISTICA, GEOGRAFIA E HISTORIA


El departamento de Piura se encuentra ubicado al noroeste del Perú. Por su cercanía a la línea ecuatorial presenta un clima cálido. Abarca con el departamento de Tumbes, la faja costra más ancha del país y gran parte de su territorio lo conforman extensos arenales y despoblados.; territorio que en tiempos prehispánicos fueron ganados a la naturaleza y dispuestos para la actividad agrícola.

La llegada e instalación de la cultura occidental desequilibro las actividades productivas y con ello, el abandono de estos campos frugales se convirtió en la característica del valle costeño y piurano en general. El desierto de sechura cubre gran parte de la faja costera del departamento en dirección Sur.

Esta área costera se inicia en las playas del litoral al oeste. Se extiende hasta las partes altas de los afluentes del rio Piura (las gallegas, San Jorge, yapatera, etc.) hacia el este donde comienza el ecosistema andino. Hacia el norte, los cerros de Amotape (Talara) y el desierto de Sechura constituyen los limitadores del área costera.

Las cuenca hidrográficas del Chira y el Piura constituyen las fuentes de agua que recorren el territorio y que dan origen a los valles agrícolas.

La sierra o ecosistema andino está conformado por el territorio de las provincias de Ayabaca y Huancabamba y las alturas de Morropon. Este sistema andino es cortado al este por la cordillera occidental de los Andes. Esta se encuentra atravesada por la cuencas hidrográficas del Quiroz, Chipillico , Huancabamba y Piura.

En este marco de vida, el hombre desarrollo su accionar creando una cultura propia, peculiar y con fuertes interrelaciones con otros pueblos del sur ecuatoriano y los andes centrales el Perú.

La ciencia arqueológica ha permitido conocer que el hombre piurano hunde sus raíces hacia el 9000 ac cuando se establece en campamentos de cazadores recolectores en los sitios de Amotape, Honda y Siches (Talara) cuya existencia se registra hasta el 3000 ac.

El establecimiento de poblaciones en el litoral esta evidenciado en Paita y Sechura, cuyos vestigios nos encamina hacia el arcaico. En la zona del Alto Piura, Cerro Ñañañique, Huaca Macanche (Chulucanas – Morropon) y Samanga (Ayabaca) periten reconocer la impronta cultural durante el formativo entre el 200 ac y 500 dc.

Para el intermedio temprano o Desarrollo Regional (500 dc. 600 d.c) los vestigios arqueológicos permiten inferir la existencia de “jefaturas” o nacionalidades en la costa de Sechura y la región de Vicus. A esta época corresponde un incesante intercambio comercial intra y extra regional que implicó los macizo de Colombia, la costa y sierra ecuatoriana y los andes centrales. La región piurana por estar en una zona intermedia se convirtió en un área de cohesión, integración y difusión de elementos culturales. El comercio significó no solo la introducción de elementos socio culturales como costumbres lenguaje, ornamentación y cultos religiosos. Solo así se podría entender el porqué de la heterogeneidad cultural en la región, cuyas evidencias las encuentra la arqueología en nuestro territorio.

Elementos propios de la cultura Tumaco Tolita (Colombia-ecuador) en la metalurgia; elementos amazónicos en la costumbres y lengua local, (Palta, Jibaro) costumbres y toponimia centro andina (Culle, Quechua, Mochica,) son explicados ahora por la arqueología y la lingüística.

Así pues, las evidencias arqueología son claras al demostrar que la región “absorbió” de alguna maneta elementos idiomáticos de diversa procedencia en diversas épocas. Lamentablemente es así imposible el asumir con certeza que tales componentes lingüísticos pertenezcan a una determinada “cultura y/u sociedad foránea establecida en territorio piurano”; sobre todo si tomamos en cuenta que muchas lenguas continuaron hablándose por los sucesores de estos grupos culturales ( vg: el Muchick utilizado por los Moche y posteriormente por los Chimú). Sin embargo ello no imposibilita que reflexionemos y bajo supuestos, ordenemos las evidencias arqueológicas con las lingüísticas. Considero que ello es una buena forma de acercarnos al conocimiento real de nuestra historia.

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